¿Cómo es la primera sesión de terapia? Qué puedes esperar al empezar un proceso conmigo

Primera sesión en terapia
La culpa no siempre significa que hayas hecho algo malo. A veces se convierte en una estrategia de adaptación para proteger vínculos, evitar conflictos y sentir control. En este artículo hablamos de culpa, apego, límites y responsabilidad emocional.

Empezar terapia por primera vez (o comenzar de nuevo con una psicóloga diferente) puede generar muchas dudas.

Puede que lleves tiempo pensando en pedir ayuda.
Que hayas llegado hasta aquí después de una etapa especialmente difícil.
Que sientas que algo se repite en tus relaciones.
Que estés viviendo ansiedad, bloqueo o malestar emocional.
O simplemente que haya cosas de ti que quieras comprender mejor.

Y entonces aparece la primera cita y, con ella, preguntas bastante normales:

“¿Qué tengo que contar?”
“¿Por dónde empiezo?”
“¿Me hará muchas preguntas?”
“¿Tengo que hablar de mi infancia?”
“¿Y si me quedo en blanco?”
“¿Qué pasará después?”

Por eso quiero contarte cómo suelo plantear tanto la primera sesión de terapia como las siguientes.

No para darte un guion exacto de lo que va a ocurrir (porque cada proceso es diferente), sino para que puedas llegar sabiendo un poco mejor qué puedes esperar.

La primera sesión de terapia sirve, ante todo, para conocernos

Para mí, la primera sesión es, antes que nada, un espacio para conocernos.

No espero que llegues sabiendo explicar perfectamente qué te ocurre.

Tampoco necesitas traer tu historia ordenada, saber exactamente qué quieres trabajar o tener claro por dónde empezar.

Es muy habitual escuchar algo parecido a:

“No sé muy bien por dónde empezar.”

Y está bien.

Podemos empezar precisamente desde ahí.

Durante esta primera sesión me interesa conocer qué te ha llevado a pedir ayuda y qué está ocurriendo actualmente en tu vida.

Hablaremos de:

  • qué te preocupa,
  • cómo te está afectando,
  • qué está siendo más difícil,
  • qué has intentado hasta ahora,
  • qué te gustaría que fuese diferente,
  • y qué esperas encontrar en terapia.

Yo iré haciéndote preguntas que nos ayuden a comprender mejor lo que estás viviendo, pero no se trata de un interrogatorio ni de completar una lista de preguntas de manera mecánica.

La idea es empezar a construir juntas una primera imagen de lo que está ocurriendo.

No tienes que contarlo todo en la primera sesión

Una de las preocupaciones más frecuentes antes de empezar terapia es pensar que hay que contar toda la historia de golpe.

No es así.

No necesitas explicarme tu vida completa durante los primeros cincuenta minutos.

No necesitas entrar en experiencias dolorosas si todavía no te sientes preparada.

No necesitas hablar de temas que aún no sabes cómo contar.

Hay experiencias que necesitan confianza antes de poder ser compartidas.

Y hay partes de nuestra historia que quizá todavía no estamos preparadas para mirar.

Para mí es importante respetar esos tiempos.

La terapia no debería sentirse como una carrera.

Primero necesitamos construir suficiente seguridad.

No tienes que venir con un objetivo perfectamente definido

Algunas personas llegan a terapia teniendo muy claro qué quieren trabajar:

  • una ruptura,
  • ansiedad,
  • dificultades en sus relaciones,
  • una experiencia traumática,
  • problemas de autoestima,
  • miedo al abandono,
  • dificultad para poner límites,
  • bloqueo emocional,
  • culpa,
  • inseguridad,
  • dificultad para confiar.

Otras llegan simplemente sabiendo que no están bien, aunque todavía no sepan explicar exactamente por qué.

Ambas formas de llegar son válidas.

Parte de mi trabajo durante las primeras sesiones consiste precisamente en ayudarte a poner palabras, ordenar lo que estás viviendo y empezar a comprender qué puede estar ocurriendo debajo de aquello que ahora mismo te genera malestar.

A veces el motivo por el que llegamos a terapia acaba siendo solamente la puerta de entrada a algo más profundo.

Las primeras sesiones también son una etapa de evaluación

Poco a poco iremos conociendo:

  • tu historia,
  • tus relaciones significativas,
  • experiencias que te han marcado,
  • recursos que has desarrollado,
  • cómo sueles responder ante determinadas situaciones,
  • qué ocurre emocionalmente cuando algo te activa,
  • qué pasa en tu cuerpo,
  • qué patrones se repiten,
  • qué necesidades suelen quedar relegadas.

Desde mi manera de trabajar, no me interesa mirar únicamente el síntoma aislado.

Me interesa entenderlo.

Si aparece ansiedad, autoexigencia, culpa, necesidad de control, dificultad para confiar, miedo al rechazo o tendencia a desconectarte emocionalmente, intentaremos comprender:

qué función puede estar cumpliendo esa respuesta y cómo has llegado hasta ella.

Muchas de las estrategias que hoy nos generan sufrimiento no aparecieron porque hubiera algo malo en nosotros.

En determinados momentos pudieron ser maneras de adaptarnos, protegernos o conservar nuestros vínculos.

Comprender esto suele cambiar bastante la forma en la que empezamos a relacionarnos con nosotros mismos.

Tu historia importa, pero no vamos a forzarla

Mi forma de entender la terapia está muy vinculada al apego, el trauma y las experiencias relacionales.

Por eso, probablemente en algún momento nos interese conocer aspectos de tu historia.

Dos herramientas que puedo utilizar son el genograma y la línea de vida, porque ayudan a comprender mejor el contexto en el que se han desarrollado determinadas formas de relacionarte, sentir o protegerte.

Podremos explorar, por ejemplo:

  • cómo eran tus relaciones importantes,
  • qué ocurría cuando necesitabas ayuda,
  • cómo se recibían tus emociones,
  • qué aprendiste sobre el conflicto,
  • qué aprendiste sobre el afecto,
  • cómo se vivían los límites,
  • qué pasaba cuando mostrabas vulnerabilidad,
  • y qué experiencias pueden haber influido en la manera en la que hoy te relacionas contigo y con los demás.

Pero trabajar con la historia no significa pasar las sesiones buscando constantemente acontecimientos dolorosos del pasado.

Miraremos hacia atrás cuando nos ayude a comprender el presente.

Y siempre respetando lo que puedas sostener en cada momento.

Antes de profundizar en determinadas experiencias puede ser necesario desarrollar recursos, aprender a reconocer lo que ocurre en tu cuerpo o construir suficiente seguridad dentro de la propia relación terapéutica.

Puedes leer también: qué es el trauma.

¿Qué ocurre después de la primera sesión?

Una vez que hemos empezado a construir una imagen más completa de lo que ocurre, el proceso se vuelve cada vez más personalizado.

No todas las sesiones son iguales.

Habrá sesiones en las que necesitemos hablar de algo que ha sucedido esa misma semana.

Otras en las que profundicemos en un patrón que se repite desde hace años.

En ocasiones trabajaremos con:

  • emociones,
  • pensamientos,
  • creencias,
  • sensaciones corporales,
  • formas de regularte,
  • relaciones importantes,
  • límites,
  • patrones de apego,
  • partes internas que parecen tirar de ti en direcciones distintas.

La terapia se adapta a lo que el proceso necesita.

No sigo un esquema rígido en el que cada semana haya que completar obligatoriamente un tema distinto.

Tenemos objetivos terapéuticos que nos orientan, pero también necesitamos poder adaptarnos a lo que vaya ocurriendo.


¿Cuándo se utiliza EMDR en terapia?

En determinados momentos puede ser útil incorporar herramientas más específicas como EMDR.

EMDR puede utilizarse para trabajar experiencias que siguen activándose en el presente, recuerdos difíciles, respuestas relacionadas con trauma o determinados patrones emocionales.

Pero no se utiliza automáticamente desde la primera sesión.

Antes necesitamos comprender bien qué está ocurriendo, valorar si está indicado y preparar el trabajo de forma adecuada.

Eso puede incluir desarrollar recursos de regulación, conocer cómo responde tu sistema nervioso y asegurarnos de que existe suficiente estabilidad y seguridad para abordar determinadas experiencias.

EMDR forma parte del proceso cuando tiene sentido clínico, no como una técnica que haya que aplicar necesariamente en todas las sesiones.

Puedes leer también: EMDR para trauma relacional, apego y ansiedad → /blog-emdr-trauma-relacional-apego/

En terapia no voy a decirte constantemente qué tienes que hacer

Esta es otra duda bastante habitual.

Mi objetivo no es convertirme en alguien que tome decisiones por ti.

No estoy aquí para decirte cómo deberías vivir, qué relación deberías mantener, qué deberías sentir o qué decisión deberías tomar.

Por supuesto, habrá momentos en los que pueda:

  • ofrecerte herramientas,
  • proponerte ejercicios,
  • darte información,
  • ayudarte a regularte,
  • señalar patrones,
  • compartir algo que estoy observando,
  • plantearte preguntas que te ayuden a mirar una situación de otra manera.

Pero el objetivo último es que puedas conocerte cada vez mejor y desarrollar tus propios recursos para tomar decisiones desde un lugar más consciente.

Para mí, hacer terapia no consiste únicamente en eliminar aquello que molesta.

También consiste en empezar a preguntarnos qué hay detrás.

En lugar de:

“¿Cómo hago para dejar de sentir esto?”

muchas veces empezaremos preguntándonos:

“¿Qué está intentando decirme esto que siento?”

o:

“¿Qué necesito para poder acompañarme mejor?”

La relación terapéutica también forma parte del proceso

Hay algo que considero especialmente importante:

necesitas poder sentirte cómoda y segura conmigo.

Puedes decirme si algo que he planteado no encaja contigo.

Si una pregunta te incomoda.
Si necesitas ir más despacio.
Si no es el momento de determinado tema.
Si algo de la sesión te ha molestado.
Si necesitas que revisemos cómo estamos trabajando.

No espero que estés de acuerdo conmigo en todo.

De hecho, especialmente cuando hemos aprendido a agradar, adaptarnos o evitar el conflicto para proteger nuestros vínculos, poder empezar a expresar desacuerdo, necesidades o límites dentro de una relación segura puede convertirse también en una parte muy valiosa del proceso terapéutico.

La terapia no es algo que yo hago “sobre ti”.

Es algo que construimos entre las dos.

¿Y si no sé si voy a sentirme cómoda con mi psicóloga?

También es normal tener esta duda.

Elegir psicóloga no consiste únicamente en mirar formación o especialización.

Es importante que puedas sentir que:

  • te escuchan,
  • no te juzgan,
  • puedes hablar con seguridad,
  • puedes expresar dudas,
  • puedes poner límites,
  • puedes ir a tu ritmo,
  • y puedes construir confianza.

La primera sesión también te sirve a ti para valorar esto.

No solo yo estoy conociéndote.

Tú también estás viendo cómo te sientes conmigo y con mi forma de trabajar.

Porque una buena relación terapéutica necesita poder construirse desde la confianza.

¿Cuánto dura un proceso de terapia?

No existe una duración universal.

Dependerá de:

  • aquello que quieras trabajar,
  • tu historia,
  • tus circunstancias actuales,
  • los objetivos que vayamos estableciendo,
  • cómo evolucione el proceso,
  • la profundidad de los patrones que estemos trabajando.

Hay dificultades más concretas que pueden requerir procesos relativamente breves.

Y otras experiencias necesitan un acompañamiento más prolongado.

Por eso prefiero no prometer un número determinado de sesiones antes de conocerte.

Lo que sí podemos hacer es revisar periódicamente cómo estás, qué cambios estamos observando, qué sigue necesitando atención y hacia dónde queremos continuar.

La terapia no debería avanzar de manera indefinida sin preguntarnos para qué estamos trabajando.

Qué puedes hacer antes de tu primera sesión

No necesitas preparar nada obligatorio.

Pero si te ayuda a sentirte más tranquila, puedes apuntar algunas cosas antes de la sesión.

Por ejemplo:

  • qué te ha llevado a pedir ayuda,
  • qué situaciones te están resultando más difíciles,
  • desde cuándo ocurre,
  • cómo te gustaría sentirte,
  • qué has intentado hasta ahora,
  • si has hecho terapia anteriormente,
  • qué cosas te preocupan del proceso,
  • cualquier pregunta que quieras hacerme.

También puedes simplemente llegar.

No hay una forma correcta de empezar terapia.

Preguntas frecuentes sobre la primera sesión de terapia

¿Qué tengo que contar en la primera sesión?

Lo que puedas y quieras contar.

No tienes que explicar toda tu historia ni abordar temas para los que todavía no te sientas preparada.

Empezaremos por aquello que te ha llevado a pedir ayuda.


¿Y si me quedo en blanco?

No pasa nada.

Es muy habitual estar nerviosa o no saber por dónde empezar.

Parte de mi trabajo es ayudarte a ordenar lo que estás viviendo y encontrar juntas un punto desde el que empezar.

¿Tengo que hablar de mi infancia en la primera sesión?

No.

Tu historia puede ser importante para comprender determinados patrones, pero no es necesario entrar en profundidad desde el primer día.

Lo haremos cuando tenga sentido y respetando tu ritmo.


¿Se utiliza EMDR desde la primera sesión?

Normalmente no.

Antes necesitamos valorar qué está ocurriendo, conocer tu historia, entender cómo respondes emocionalmente y preparar el trabajo cuando sea necesario.

EMDR se incorpora cuando existe una indicación adecuada.

¿La primera sesión de terapia online es diferente?

La estructura general es muy similar a una sesión presencial.

La diferencia principal es que nos encontramos por videollamada.

Por eso es recomendable que estés en un lugar tranquilo, privado y con una conexión estable.


¿Puedo hacer preguntas sobre cómo trabajas?

Sí.

Puedes preguntarme cualquier duda relacionada con el proceso, la frecuencia de las sesiones, mi enfoque, EMDR, los objetivos terapéuticos o cualquier aspecto que necesites comprender mejor.


¿Y si después de la primera sesión no siento que sea mi psicóloga?

También es válido.

La relación terapéutica es una parte importante del proceso y es importante que puedas sentir suficiente seguridad y confianza.

La primera sesión también sirve para que tú puedas valorar cómo te has sentido conmigo.



Si en la primera sesión todavía no sabes qué decir, está bien

Puedes estar nerviosa.

Puedes emocionarte.

Puedes quedarte en blanco.

Puedes traer algo apuntado porque temes olvidarlo.

Puedes empezar hablando de lo que ocurrió ayer.

Puedes remontarte muchos años atrás.

Puedes decir:

“No sé qué me pasa.”

No necesitas saber hacer terapia antes de venir a terapia.

Encontrar juntas por dónde empezar también forma parte de mi trabajo.

Para mí, el objetivo de esa primera sesión no es que salgas habiéndome contado absolutamente todo.

Es que podamos empezar a comprender qué necesitas.

Y que tú puedas hacerte una primera pregunta mucho más importante:

“¿Siento que aquí puedo empezar a hablar de mí con seguridad?”

A partir de ahí, iremos construyendo el camino.

Si estás pensando en empezar terapia y quieres saber si mi forma de trabajar puede encajar contigo, puedes conocer más sobre mi servicio de terapia online o escribirme directamente.

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